Xavier Villaurrutia

MÉXICO

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Cinematógrafo

De Reflejos (1926)

En la calle, la plancha gris del cielo,

más baja cada vez,

nos empareda vivos…

El corazón, sin frío de invierno,

quiere llorar su juventud

a oscuras.

En este túnel el hollín

unta las caras,

y sólo así mi corazón se atreve.

En este túnel sopla

la música delgada,

y es tan largo que tardaré en salir

por aquella puerta con luz

donde lloran dos hombres

que quisieran estar a oscuras.

¿Por qué no pagarán la entrada?

Nocturno eterno

De Nocturnos (1933)

Cuando los hombres alzan los hombros y pasan

o cuando dejan caer sus nombres

hasta que la sombra se asombra

cuando un polvo más fino aún que el humo

se adhiere a los cristales de la voz

y a la piel de los rostros y las cosas

cuando los ojos cierran sus ventanas

al rayo del sol pródigo y prefieren

la ceguera al perdón y el silencio al sollozo

cuando la vida o lo que así llamamos inútilmente

y que no llega sino con un nombre innombrable

se desnuda para saltar al lecho

y ahogarse en el alcohol o quemarse en la nieve

cuando la vi cuando la vid cuando la vida

quiere entregarse cobardemente y a oscuras

sin decirnos siquiera el precio de su nombre

cuando en la soledad de un cielo muerto

brillan unas estrellas olvidadas

y es tan grande el silencio del silencio

que de pronto quisiéramos que hablara

o cuando de una boca que no existe

sale un grito inaudito

que nos echa a la cara su luz viva

y se apaga y nos deja una ciega sordera

o cuando todo ha muerto

tan dura y lentamente que da miedo

alzar la voz y preguntar “quién vive”

dudo si responder

a la muda pregunta con un grito

por temor de saber que ya no existo

porque acaso la voz tampoco vive

sino como un recuerdo en la garganta

y no es la noche sino la ceguera

lo que llena de sombra nuestros ojos

y porque acaso el grito es la presencia

de una palabra antigua

opaca y muda que de pronto grita

porque vida silencio piel y boca

y soledad recuerdo cielo y humo

nada son sino sombras de palabras

que nos salen al paso de la noche

Décimas de nuestro amor

De Canto a la primavera y otros poemas (1948)

I

A mí mismo me prohíbo

revelar nuestro secreto

decir tu nombre completo

o escribirlo cuando escribo.

Prisionero de ti, vivo

buscándote en la sombría

caverna de mi agonía.

Y cuando a solas te invoco,

en la oscura piedra toco

tu impasible compañía.

II

Si nuestro amor está hecho

de silencios prolongados

que nuestros labios cerrados

maduran dentro del pecho;

y si el corazón deshecho

sangra como la granada

en su sombra congelada,

¿por qué dolorosa y mustia,

no rompemos esta angustia

para salir de la nada?

III

Por el temor de quererme

tanto como yo te quiero,

has preferido, primero,

para salvarte, perderme.

Pero está mudo e inerme

tu corazón, de tal suerte

que si no me dejas verte

es por no ver en la mía

la imagen de tu agonía:

porque mi muerte es tu muerte.

IV

Te alejas de mí pensando

que me hiere tu presencia,

y no sabes que tu ausencia

es más dolorosa cuando

la soledad se va ahondando,

y en el silencio sombrío,

sin quererlo, a pesar mío,

oigo tu voz en el eco

y hallo tu forma en el hueco

que has dejado en el vacío.

V

¿Por qué dejas entrever

una remota esperanza,

si el deseo no te alcanza,

si nada volverá a ser?

Y si no habrá amanecer

en mi noche interminable

¿de qué sirve que yo hable

en el desierto, y que pida

para reanimar mi vida,

remedio a lo irremediable?

VI

Esta incertidumbre oscura

que sube en mi cuerpo y que

deja en mi boca no sé

que desolada amargura;

este sabor que perdura

y, como el recuerdo, insiste,

y, como tu olor, persiste

con su penetrante esencia,

es la sola y cruel presencia

tuya, desde que partiste.

VII

Apenas has vuelto, y ya

en todo mi ser avanza,

verde y turbia, la esperanza

para decirme: "¡Aquí está!"

Pero su voz se oirá

rodar sin eco en la oscura

soledad de mi clausura

y yo seguiré pensando

que no hay esperanza cuando

la esperanza es la tortura.

VIII

Ayer te soñé. Temblando

los dos en el goce impuro

y estéril de un sueño oscuro.

Y sobre tu cuerpo blando

mis labios iban dejando

huellas, señales, heridas...

Y tus palabras transidas

y las mías delirantes

de aquellos breves instantes

prolongaban nuestras vidas.

IX

Si nada espero, pues nada

tembló en ti cuando me viste

y ante mis ojos pusiste

la verdad más desolada;

si no brilló en tu mirada

Un destello de emoción,

la sola oscura razón,

la fuerza que a ti me lanza,

perdida toda esperanza,

es... ¡la desesperación!

X

Mi amor por ti ¡no murió!

Sigue viviendo en la fría,

ignorada galería

que en mi corazón cavó.

Por ella desciendo y no

encontraré la salida,

pues será toda mi vida

esta angustia de buscarte

a ciegas, con la escondida

certidumbre de no hallarte.

Madrigal sombrío

De Canto a la primavera y otros poemas (1948)

Dichoso amor el nuestro, que nada y nadie nombra:

prisionero olvidado, sin luz y sin testigo.

amor secreto que convierte en miel la sombra,

como la florescencia en la cárcel del higo.

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