Virgilio Piñera

CUBA

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Vida de Flora

De La vida entera (1969)

Tú tenías grandes pies y un tacón jorobado.

Ponte la flor. Espérame, que vamos juntos de viaje.

Tú tenías grandes pies. ¡Qué tristeza en el aire!

¿Quién se mordía la cola? ¿Quién cantaba ese aire?

Tú tenías grandes pies, mi amiga en seco parada.

Una gran luz te brotaba. De los pies, digo, te brotaba

y sin que nadie lo supiera te fue sorbiendo la nada.

Un gran ruido se sentía en tu cuarto. ¿A Flora qué le pasa?

Nada, que sus grandes pies ocupan todo el espacio.

Sí, tú tenías, tenías la imponderable amargura de un zapato.

Ibas y venías entre dos calientes planchas:

Flora, mucho cuidado, que tus pies son muy grandes,

y la peletería te contrata para exhibir sus hormas gigantes.

Flora, cuántas veces recorrías el barrio

pidiendo un poco de aceite y el brillo de la luna te encantaba.

De pronto subían tus dos monstruos a la cama,

tus monstruos horrorizados por una cucaracha.

Flora, tus medias rojas cuelgan como lenguas de ahorcados.

¿En qué pies poner estas huérfanas? ¿Adónde tus últimos zapatos?

Oye, Flora: tus pies no caben en el río que te ha de conducir a la nada,

al país en que no hay grandes pies ni pequeñas manos ni ahorcados.

Tú querías que tocaran el tambor para que las aves bajaran,

las aves cantando entre tus dedos mientras el tambor repicaba.

Un aire feroz ondulando por la rigidez de tus plantas,

todo eso que tú pensabas cuando la plancha te doblegaba.

Flora, te voy a acompañar hasta tu última morada.

Tú tenías grandes pies y un tacón jorobado.

El resultado

De La vida entera (1969)

Cuando me arrepienta

de mis crímenes

te enviaré un telegrama.

Vendrás vestido de blanco,

darás lechada a mi alma.

Lloraré sobre tu hombro

para constelar tu traje;

negros diamantes en tu pecho

y negro de humo en tus entrañas.

Enfundaremos el puñal

en un sueño desorbitado:

tomará la forma del cordero

que surge del tigre desatado.

Con las heridas haremos rimas

y con los gritos charadas;

la expiación será un pasatiempo

en la eternidad que me aguarda.

Después me sentaré a la mesa

para comer del pan sagrado:

yo lo partiré negro,

tú me lo darás blanco.

Lo de menos

De Una broma colosal (1988)

Lo de menos:

que tú no me ames,

y lo de más:

que soy el que te ama.

Es mi hermosa ventaja,

y no como piensan los bobos,

mi triste ventaja.

Soy tu cosa,

el piano que estás tocando,

y mientras tocas, te dices:

“Un piano es sólo un piano”.

Pero también,

casi con amargura:

“¡Qué enamorado escá de mí!”.

Quisieras arañarme

—y comprendo tu rabia—:

no estás en disposición de acariciarme,

en tanto que yo,

con la soberanía del amor,

te acaricio con la mirada.

Y tu alma, como un vampiro

bebe la sangre de mi alma:

cada gota es la copa del lento veneno

que se administran los indiferentes.

Roca, exangüe,

incorpóreo, expirante

puedo decirce:

No me ames.

En materia de un amor imposible…

De Una broma colosal (1988)

En materia de amor un imposible

me tocó en suerte... Y es como un dibujo

que al hacerlo se borra, y a su influjo

se vuelve a dibujar. Ya no es posible

parar la mano hasta encontrar la muerte,

uno dice que no y la mano sigue

borrando los dibujos de la, suerte,

mientras que el corazón dice: ¡Prosigue!

Cuando el dibujo sale de tu mano,

con un gesto te invita a que lo cojas,

obedeces, se borra, tú te enojas:

¿cómo ese rostro puede ser tan inhumano?

Habrá que convenir que es loco empeño

esto de dibujar tu propio engaño:

de amor sólo tendrás los desengaños.

Vuelve a tu infierno. Apártate del sueño.

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