Violeta Barrientos

PERÚ

Consultar poemarios en catálogo

Los nuevos amores

De El innombrable cuerpo del deseo (1992)

Vine a descubrir lo imposible,

mi deseo en un cuerpo igual al mío

calmado en sus preguntas, inquieto en sus reflejos.

No puedo huir al destino que se acerca.

¿Más fuerte sellaron estos labios otros besos?

Cómo saberlo. Cavé un mundo entero

en mi corazón y aún está fresco.

Para creer en mí,

alguien traspasará sus dedos por mi costado,

alguien colmará ese vacío.

Que la vida se resquebraje

y los miedos recién llegados, partan

los muros de la ciudad, esos altos nombres.

Recobraré entonces mi voz perdida

y no se empañará mi aliento;

se clavará un intenso grito de borde a borde

limpia y recta, mi palabra surcará los aires

cuando el nuevo amor encuentre mi cuerpo

y tiemblen los vientos, los amores viejos

y los ríos revienten en mi pecho.

Ulises

De El jardín de las delicias (1995)

Ya sin uñas ni valor

regresé a abrazarme a una mujer sombría

a arroparme

sin soltar palabra

en su red tejida a mis espaldas.

Ella no me traicionó. Fui yo

quien urdió el canto de sirena,

la historia aquella

que aún no acabo de contar.

Cuerpos mortales

De El jardín de las delicias (1995)

I

A mala hora se arriman a mi casa

las comadres y sus hijos

a mala hora se nace y se cría.

Alumbra, oscurece

y yo, en el vientre de mi madre

mi sexo aún por definir;

hombre o mujer

he ahí la cuestión.

II

Ahora sí lloras.

No más ese hilillo retorcido

sosteniéndote los pies

mientras se nace de cabeza.

Rota la cuerda

el tiempo huye hacia adelante

y como animal acusado de muerte y vida

recorrerás la numeración oscura

de las casas

sus ocupantes

habrán encontrado alivio

cuando la luna se exhiba rapada

y el péndulo afloje su pulso.

La vida corre en tropel;

sobre la blanca piel del cordero,

queda una escaldadura fría.

III

Hilar la casta, unir los bueyes.

—Casarás con doncella de dulce olor—

Mi madre escogía los cuerpos

como los granos de arroz.

La parentela acomodada

en la sala hacía conversación.

Doy brillo a mis labios

otra es la que siente el amor.

IV

La primera juventud, signo de exaltación

la oralidad en oposición a la familia.

La acción productiva.

El advenimiento de la estirpe.

La bulimia de trabajar.

La muerte del patriarca

rodeado de sus instrumentos

y cerrajería.

El conflicto interior.

La herencia como botín de guerra.

Los movimientos alternados

la exclusión del uno por el otro.

V

Aquí me tienen esperando.

En algún lugar,

la muerte se hereda de padres a hijos.

19

De Cosas sin nombre (2008)

Murió sin conocer tantos lugares.

Murió sin saber secretos de familia, sin volver nunca a su pueblo ni ser reconocido allí.

Murió sin amar a la mujer de su vida ni probar la ternura que otra le habría dado.

Murió a secas, eso sí se cumplió, y su muerte fue como casi todas las muertes, no llamó la atención. Fue un nombre más, llorado por pocos que asumieron rostros graves y vestidos de luto.

Tuvo tiempo de sobra, pero murió como todos, antes de tiempo.

Anterior
Anterior

Silvia Tomasa Rivera

Siguiente
Siguiente

Virgilio Piñera