Silvia Tomasa Rivera

MÉXICO

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Madre, quiero ir al mar…

De Duelo de espadas (1987)

Madre, quiero ir al mar.

Tuxpan queda lejos

a hora y media y la carretera tiene

un buen trecho de terracería.

¡Mejor vamos a la playa del río!

Madre, quiero ir al mar.

No te conforma nada.

¿Para qué el mar en este tiempo?

vas a poner el agua roja,

además, Tuxpan es feo,

las palmeras parecen ahorcados

cuando se viene el norte.

Madre, quiero ir al mar.

El sol de las dos de la tarde

no es cualquier cosa, te despelleja

y a los recién nacidos les sume la mollera.

A las que van al mar, se les meten culebritas

y les crece la panza.

¿Quieres surdir en otra playa

con el cuerpo hinchado y sin cabellos,

como el muchacho a los 16 años?

Porque el mar no es el río,

el mar mete su lengua hasta que te ahoga,

te destroza,

es un beso del diablo

ese mar.

Si te vas, te reconoceremos sólo

por la cadena de oro de tu cuello.

¿Quieres ir al mar?

Eso quiero.

De “Amor a Jánikua”

De El tiempo tiene miedo (1987)

No voy a hablarte de nuestros antepasados, Jánikua,

tampoco de historias que no recordarás

en las noches de tu casa, junto al fuego.

No te quiero para justificar contigo

algunos versos.

Te quiero porque no me queda otra,

porque eres el centro de la galaxia

que sólo yo conozco.

No rayas en la histeria, cuando la noche deja

la orden de cateo sobre la mesa sucia.

Sabías a lluvia

y te sentí desbordar como aguabrava

sobre los poros de mi cuerpo

y fue la comunión.

Te quiero: para acostarme contigo,

para que rompas el poema en mi cara,

para que me dé coraje. ¿Qué tal si nos peleamos, Jánikua,

y te busco en la tarde?

No te quedes dormida:

quiero ahogarte, que mueras conmigo,

resucitar en los copos de espuma

del mar que inventamos.

Cuando se agote el amor, Jánikua,

que pongo en tus caderas

te hablaré del diluvio.

Seré capaz…

De Poemas al desconocido. Poemas a la desconocida (1984)

Seré capaz,

si me permites,

perderme en los confines

de tu huerto

y extraer la dulzura,

como quien saca jugo

a un mango criollo.

A sabiendas, claro,

que a lo mejor te gusta,

entonces buscaremos un río

y a rienda suelta

te invito hasta el fondo

de sus aguas

para que poco a poco

nos levante el castigo.

Yo también esperé…

De Apuntes de abril (1986)

Yo también esperé

antes de descender las rampas de la noche.

Desde el insomnio, ese oscuro y húmedo pasillo

donde uno sólo detiene las paredes,

imaginé provincias empolvadas

con niños gritando a mediacalle

y muchachas oliendo a popelina.

Yo también esperé largas noches

con el sol en la entraña,

hasta que cayeron las palabras

como gotas de limón sobre la herida.

Mas ahora nada es olvido.

Un hombre sin mujer es lo mismo

que una mujer sin hombre,

el desperdicio de los sentidos

una tristeza larga

y la embestida de un tiempo que no descansa

hasta dejarnos como un girasol

a las 6 de la tarde.

No hay que resignarse,

digo que no hay que resignarse,

es una broma de Dios este maltiempo.

¿Dónde están los hombres que he amado?

¿En qué caminos buscan lo que he perdido?

A esta hora la fiebre me trae vagas noticias

alguien descansa en una isla

y no hay lugar en su costa para arrastrar mi sombra.

En esta cama, enferma, irracional,

llena de saliva de madrugada amarga,

deliro, prendo fuego a su nombre

y me lleno la cara con carbón del incendio.

Un día uno se va y no vuelve,

gimotea hasta quebrarse en el espejo oscuro.

Un día uno le da en la madre a la luna

y a esas cosas, se da cuenta que ha perdido,

que siempre anduvo perdido, y que el amor

en estos tiempos es un estado de ánimo,

un afluente, una estrella que cae y se pierde

en el ojo morboso de la noche.

Esperar es lo mismo que hacerse pendejo,

lo mismo que escuchar los perros de medianoche

cuando aúllan en las azoteas

y sus orines se filtran y humedecen el techo.

Nadie vendrá a poner cascabeles en la espuma.

Pero esperar es la pasión del ciego

del que quiere ser sordo.

¿Quién carajos no espera?

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