Malú Urriola

CHILE

  • Fecha de nacimiento

    9 de junio de 1967

    Ciudad de nacimiento

    Santiago de Chile

    Fecha de defunción

    21 de julio de 2023

    Ciudad de defunción

    Santiago de Chile

  • Geografía de la nada. La poesía de Malú Urriola

    Edson Faúndez V. y Claudia Salgado Roa

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XII

De Piedras rodantes (1988)

Hace tanto tiempo, querida amiga

acá los poetas mienten

y tus ojos son ya

un par de gorriones que se fornican

no sé donde

reniego de la poesía

y todas esas vanalidades

la mistral ha muerto

neruda ha muerto

lihn ha muerto

sólo quedamos los necios.

Recuerdas cuando nos emborrachamos

amparadas por una chimenea medio loca

tú, estás allá ahora, recordándolo todo

con un suave dejo de melancolía

la puta melancolía que has guardado

largo tiempo en el anonimato

y un sol turístico cae

sobre tu rimbombante isla en el Mediterráneo

mientras acá el sol pega

sobre cientos de cabezas hastiadas.

Ah, querida mía

los seres somos tan maleables

de ahí la distorsión a la que Hugo

intentó someter el alejandrino.

hey, Malú…

De Hija de perra (1998)

hey Malú, ¿dónde estás? es el abismo quien llama, y no reconozco la voz de mi propio abismo, cuando miro hacia abajo siento que voy a caer, los huesos roídos del vértigo, los que lamo, ruedan hasta el fondo del pozo, las palabras se devuelven con la voz del pozo imitándome, los pozos hablan. Me he desmembrado mucho, me he dejado arrastrar por una pasión inútil, un territorio baldío donde he ido perdiendo la memoria hasta llegar a los tristes límites de la indignidad. Hoy más que nunca, necesito un cuerpo a mi lado, un calor que restablezca el que he perdido, bastaría con tan poco, dulces palabras que alivianaran tanto desgano. He mostrado una tolerancia excesiva en todo este tiempo que he esperado, pero esta cruda tarde de invierno golpea duro, duro. He matado a la terrible y miserable esperanza, la he arrancado aún latiente, he besado sus lánguidas venas, la tibia sangre que cae por mis manos. Veo sus fláccidos muslos deteriorarse, vulnerable, como si en ningún momento hubiese envenenado mi alma, perdiendo completamente la habilidad de atormentarme. Las palabras atormentan, calan hondo, enloquecen, si las palabras dicen muere una muere, si dicen miedo me aterrorizo, las palabras dejaron de hablarme de cosas bellas hace tiempo, antes decían mar y me mecía, ahora dicen niebla, tierra, cuerpos, cavar, dicen.

Como si escribiera…

De Nada (2003)

Como si escribiera,

como si soñara que escribo

levanto una copa por esa noche que nos perdimos por Baires

y la trava exhibía sus gomas recién operadas

y me seguiste de bar en bar,

de noche en noche,

de muerte en muerte,

mientras el esmeralda de tus ojos

se clavaba en mí.

Lo mío es lo pequeño, lo inexacto, lo turbado,

lo que apenas puedo ver es lo que la cabeza comprende,

no escribo cosas extraordinarias,

no tengo el tic del poeta nacional,

detrás de la flor, la humedad.

No nacimos para nada grande,

apenas conseguimos una vida de artificial luz amarillenta

sobre la cabeza,

lejos, lejos de la cabeza,

existe un lugar donde los cóndores rozan la cordillera

como si por alas tuvieran palabras

Abajo la carroña citadina y la cruz del sur iluminándonos el cuero,

abajo la tierra, bajo los pies la tierra,

bajo la tierra, el cielo y el deshuesado recuerdo

de miles que tampoco han muerto para nada grande.

Al frente tus ojos, el pasado del futuro y el futuro del pasado

y esas caminatas por el Forestal

cuando no teníamos nada y por ello,

el mundo era nuestro.

Qué se hace con las estrellas que siguen brillando…

De Cadáver exquisito (2017)

Qué se hace con las estrellas que siguen brillando

con las aguas del delta y los ferris de los que nos escondimos

para que los turistas no vieran a dos mujeres desnudas

besándose en el río.

Con el sol, qué se hace con el calor del sol

y con los grillos, con los huevos de las ranas.

Con los milagros de la vida, ¿qué se hace?

Con ese prostíbulo del puerto donde reíste en mis brazos,

antes de llevarme a ese cuarto donde lo que no conquistó el placer

se lo llevó el olvido.

Qué se hace con las despedidas,

con las maletas,

con los aeropuertos,

con los ascensores,

con los trajes tristes,

con la puerta de desembarque,

con el surco de nube,

con el silencio del cielo.

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