Magali Alabau

CUBA

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Clitemnestra

De Electra, Clitemnestra (1986)

Los escalones de piedra se hacen piedras.

Despacio.

Cuando vuelva

con sangre se lavará a mi hija.

Egisto, clávate en mis piernas.

Corrompe mi vientre.

Sácame la noche.

Entiérrame la furia.

Golpea en un galope.

Destiérrame,

sacude la capitulación del hombre y la mujer.

Espanta, ejecuta.

Las dos mujeres son la misma…

De Dos mujeres (2011)

Las dos mujeres son la misma

pérfida cara de su exigente

yo envalentonada,

llenando de aire las orejas,

creciendo la pechuga en ese pecho

donde sale la otra, la huérfana que cae

entre las piedras que dejan cruzar hacia el peligro.

Una levanta el brazo en casi aquel un saludo conocido,

la otra, camina insegura hacia la guerra.

Paso mal dado, aun así, es obra suya extirpada desde adentro

con tripas, corazón, susurros, latitud de dos.

Una sale horrorizada del aire o del viento o de la racha

que tumba los arbustos, la otra, se encorva señalando

la vuelta a la manzana, el radio con noticias repetidas,

el caldo ácido que saborea la llama innata de purificación.

Voy a darle de comer a mi monstruo.

Alto, salvaje, con pelos desollados de bacteria,

máscara de hojas pegadas en la cara.

Oso monstruoso que rescalda sus nalgas en esa poca

agua acumulada, inmunda verde, apretada entre las piedras grandes;

las pequeñas se cuelgan de sus labios mientras de lejos saliva

la pútrida comida que le llevo.

Tu amor de esfinge, exaltación y seguro de vida

me conducen a un pequeño infierno de piso cuadrado,

anfitrión que debo lamer a cada rato pues me acuerda

una muerte permanente y diaria. De reojo te miro,

qué altanera, qué larga la cola, qué pico tan cerca de la cuchilla

o la tijera cosiendo mapas para mi entendimiento,

dictando la voluntad de un diablo diminuto,

la fiel claridad de tu mandato.

Efigie que has prometido sorpresas ocultas,

regalos proféticos mientras limpio las telúricas paredes

de tus manos, rodeada aún de telaraña mustia y moho,

apagada de objetos, me ordenas bajar más la cabeza.

¿Cómo atravesar las piedras diariamente, darle fe a mi monstruo,

descender sin miedo a lo salvaje? Angularmente te percibo,

me sorprendo de cómo apuro el paso y me concentro en huellas

diletantes que se mueven porque no existe resistencia.

Y ¿si me caigo? ¿Me esperaría la trinchera de agua

que entrecruza el camino?

Si nos hubiéramos querido…

De Mordazas (2019)

Si nos hubiéramos querido.

Si hubieras dejado a un lado

cualquier ambición.

Si hubieses dejado de mirarte al espejo,

ese incesante

instrumento de distancias

y esperas. Yo creí que era de arena,

sin forma, yeso blanco,

polvo, churre, cualquier elemento

pero no persona.

Todavía no lo soy.

A punto de partir

sin enterarme de cómo fue

ni quién soy. No me acuerdo de mí

pero sí de ti.

Qué desventaja

no haber caminado contigo en el parque

ni alrededor de la casa.

Te ensañaste

en imponer la ficha del destino.

Querías que fuera un ojo partido

que interpretara gestos

que no conocía.

Cargo conmigo odio.

Me pesa y no puedo soltarlo.

Todas las mujeres tienen algo tuyo.

Los labios, el peinado,

el color del cabello,

la sonrisa, el mal humor

y ese mundo estrecho

de llanto y expresiones que yo digerí

para calmarte.

Fui tu contrincante,

apacigüé tu sufrimiento,

acarreé las palabras

que no me pertenecían.

Me empequeñeciste en el único

lugar destinado a los enfermos, la cama.

La cama por el día junto a un radio viejo

con música que sólo podía tocarse

cuando no estabas.

Como ráfaga apagabas

el único consuelo,

la música funeral.

La palabra

que no puedo elucidar:

Perdón.

He perdido

los dientes en tal lucha.

Dos mujeres

destrozándose.

Infelicidad,

esa nota rojiza

que nos sale de las piernas.

Una le da golpes a la otra,

la otra cobrará las cuentas

con las otras.

Un ser lleno

de palabras obscenas

capaz de humillar el espacio

con gritos y maldiciones.

Vinagre en el cuerpo.

No puedo mirarme.

Tu aborrecimiento

se ha convertido en mío.

Cuál salida,

cuál oración,

cuál prescripción

para escapar de las llamaradas

intensas que me sofocan.

Tengo humo en la garganta.

Me consume y me ciega.

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