Germán Pardo García
COLOMBIA
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Fecha de nacimiento
10 de abril de 1902
Ciudad de nacimiento
Villeta
Fecha de defunción
2 de abril de 1991
Ciudad de defunción
Ciudad de México, México
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Poderíos
De Poderíos (1937)
Cuando mi sangre esclava deje de moverse
como una onda ciega en torno de mí mismo,
y mis arterias fluyan de sus cauces;
cuando ya no me encuentre con mi presencia,
como un hombre con su sombría imagen
proyectada en la amargura de un espejo;
cuando lance las sílabas de mi nombre
contra la soledad,
con la fuerza de un grito,
y mi nombre se despedace
y no regrese entre los ecos nunca;
cuando todos los caminos que descienden
desde mis poderíos hacia el mundo,
no me devuelvan más la sombra de mi sombra;
y cuando mi conciencia deje de cavar
por dentro sus oscuras galerías,
como larva sepulta en los recintos
helados de un madero,
entonces hallaré las claras vías
que están en mí como en las montañas
hay sendas que conducen a la luz,
y por allí he de irme a contemplar
la desnuda presencia de las cosas;
la maravilla unánime del mundo
y el corazón activo de los hombres.
Pero todas mis sendas se devuelven
y en mi unidad sus números confunden.
Caminos que no avanzan, vías de asolación
por donde todo paso retrocede.
Mientras afuera, sobre el mundo, hay pájaros
en las frutales ramas del estío,
dentro de mi una angustia de alas prisioneras
se agita sin cesar contra los muros
que amparan la tiniebla de mi espíritu.
Y me persigue el duelo de mi nombre,
con la impiedad de un látigo
que azota las espaldas de un esclavo desnudo.
Quiero salir al triunfo de la vida;
tremolar mis recónditas banderas,
escapar de mis crueles poderíos,
y me retiene mi fatal imagen
multiplicada en lóbregos espejos.
¡Y todos mis caminos se disuelven!
¡Y mi conciencia cava galerías!
¡Y estoy en mí desde hace muchos siglos!
¡Desde antes de existir,
desde antes de flotar
en las eternidades, incorpóreo!
¡Y no hay nada que alumbre ni que rompa
los claustros de mis cárceles sombrías!
Espejos en la sombra
De Labios nocturnos (1965)
Espejos eclipsados en la noche
desnuda ante vosotros comparece
la verticalidad de mi estatua.
De rodillas inclino mi tristeza
y las clavijas de las manos hundo
en lentitud en mi borrosa carne,
que así en la oscuridad se difumina.
Vuestro azogue sin luz me reproduce
tantas veces el rostro, que os pregunto:
¿qué corazones soy y cuántas almas?
Acerco el candelabro a vuestras lunas
y me quedo auscultando mi presencia,
palpándome con todos los sentidos,
como sólo se ven los que descubren
su fría identidad en la penumbra.
Me circundáis sumisos sin que falte
ninguno de los físicos relieves.
Aquí estoy con tendones y cartílagos,
el triángulo musgoso de los muslos
y a los pies las figuras de la danza.
Si alguien me contemplara en este instante
bajo la intimidad de este recinto,
¿me amaría tal vez como en la sombra
los brazos del vitral giran engañándome,
o me abandonaría temeroso,
cual intento alejarme fugitivo?
Espejos de la noche que diuturnos
reflejáis mi persona y la presencia
de su deshabitada compañía:
retenedme un segundo y que la imagen,
duplicada, se quede en este molde
prisionero en las órbitas de vidrio.
Asistidme en el trance en que despojo
mi cuerpo de pudor y vestidura
y mostrad lo que soy, sin un engaño,
desnudo ante mis propios atributos,
mientras la boca, ¡la insaciada boca!
se aproxima a vosotros, y a sí misma
sobre el granizo del cristal vidente,
con sus labios agónicos se besa.
Amantes en la noche
De Labios nocturnos (1965)
Noche licuante y a la vez tan densa.
¿Has visto cómo nos demuda el rostro
cuando en la oscuridad nos encontramos?
Hay un matiz cutáneo que destiñe
la sensibilidad de nuestros rostros,
y mis labios nocturnos te preguntan:
¿Cómo te llamas? Y tu voz responde
como si fuera el eco de sí misma:
¿Quién eres? ¡Ah, los dos nos ignoramos
bajo esta oscuridad que nos separa
y a la vez misteriosa nos concilia!
Tienes miedo de mí, yo tengo miedo
de tus labios, del musgo de tus sienes,
del frío movimiento de tu traje,
de incitar tu quietud próxima al éxtasis,
de los cisnes que vagan en tus lágrimas
y de la suavidad de tus arrullos.
Vamos por el jardín y recelosos
nuestros labios se besan y preguntan:
¿Quién eres? Y es tu voz la que reclama,
Y ¿quién eres? mis labios te suplican.
¡Oh dolor de ignorar lo que sabemos!
¡Oh certeza fallando en los augurios!
¡Oh ausencias y cercanas lejanías
que el amor embellece en el espíritu!
¡Oh partir de nosotros sin movernos!
¡Oh quietud de las manos que se buscan!
¡Oh noche cautelosa que aglutinas
con laxitud amargos sedimentos!
¡Oh noche medular como las vértebras
que viven en nosotros amarillas!
¡Callamos nuestros nombres y sabemos
sus sonidos sinfónicos y letras!
¡Escondemos la faz bajo tus máscaras,
y buscamos el rostro que perdimos!
¡Amor mío! me dices. Y ¡amor mío!
mis palabras idénticas suspiran.
Y nos unge la luna y nuestros labios
palpitan como pétalos nocturnos.
iAmor mío, amor mío! Y no sabemos
qué es el amor y hablamos sin oírnos
desde unas profundísimas distancias.
¡Deshójame tus labios!, te murmuro.
¿O es la niebla que finge comisuras?
¡Amor mío, amor mío! Y nuestras voces
incoloras ondulan y decrecen
cual músicas y brisas. ¡Amor mío
¡Amor mío! Y se teme que en nosotros
es dolor alejándose entre lágrimas.
¡Oh noche que divides nuestras manos
aunque estén por sus músculos atadas!
Extingues el color de nuestros rostros
que se ven a sí mismos asediándose.
Nos llenas de agonía ante los goces.
Nos llevas por jardines que cintilan
desasidos del polvo y en el aire.
Transfiguras el cuerpo y lo refractas
arcano y diferente, si desnudo.
Nosotros, los amantes en la noche,
fugitivos del fuego que adoramos.
Con la luz en la piel y sofocándola.
Con la carne acoplada y desunidos.
Llamándonos en sombras: ¡amor mío!
Clamando sin cesar: ¿cómo te llamas?,
y volviendo a exclamar ¿cómo te llamas?
Hasta que al fin se apagan nuestros labios
y sus alucinantes juramentos
de amarnos sin temor hasta el sepulcro.