Diana Bellessi

ARGENTINA

  • Fecha de nacimiento

    11 de febrero de 1946

    Ciudad de nacimiento

    Zavalla

    Fecha de defunción

    (Vive)

    Ciudad de defunción

  • En proceso de documentación.

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Amar a una mujer

De Eroica (1988)

Cuando digo la palabra

nuca

¿te chupo suavemente

hasta hundir

el diente aquí?

¿Estoy tocándote acaso?

Cuando digo pezón

¿la mano roza

las dilatadas rosas de los pechos tuyos?

¿te toco acaso?

¿Toca, lengua, la comisura

de mis labios y aprisiona

en la vasta cavidad el cuerpo

que desea ser tocado y ceñido

por tu lengua cuando nombra

mi boca la palabra lengua, acaso?

No me mandes al rincón

No hagás de mí el testigo

que se mira tocarte con palabras

Es la mano nombrada

no el nombre

quien desea aprisionar tus nalgas

—Hábleme

—¿Cómo será?

—¿Qué?

—Tu voz

¿fuego oculto en la madera

del fuego que se expande?

¿Así será?

El cuerpo de tu voz

en el instante en que

no me mandes al rincón

fluye miel de las granadas

No quiero

tocar un fantasma

ni quiero

la fantasía cortés

del trovador a su dama

Es a vos, mi amada

áspero cuerpo de la amiga a quien deseo

Gesto

de mutua apropiación

instante

donde no se sabe

los límites del tú, del yo

El nombre y lo nombrado

en tersa conjunción que sabe

no durará

y sabe

es más eterno

que el filo de un diamante

Alegre

relámpago de zarpa

y de mordisco

animal

el más bello de todos

el instinto

impera aquí

Su voz no tiene traducción

Verbal moneda de intercambio

no

Solo el audaz abrazo, amiga mía,

responde aquí

Un gesto leve

De Eroica (1988)

Atraviesa el umbral

y no trastoca

las zonas liberadas

del ensueño

Pies

y ruedo del vestido

apenas rozan

la seda del silencio

Suave

al corazón

sus dedos tocan

—¿Estoy más cerca?

¿Duele la costra

de sangre

la sal que esconde

a mis ojos

el sitio de acceso?

Apenas mueve

cuerpo labios

vivos y presentes

—¿Me he dejado tocar

por esta extraña?

Trepida y suda sangre

¿De terror?

De deseo acorralado

Sin moverse

la deja hacer

el corazón

Recibe el roce

la suave melodía

gestual de aquella

mano

—¿Qué precisión le exige?

¿Qué voluntad o sino

entrar aquí?

Ella

no viene a mansalva

Ni siquiera sabe

dónde

ni por qué

este banquete se prepara

La ceremonia es el espacio

cruzado por su voz

Peces

todavía palpitantes

manteles con almendras

entreabiertas y flores

sobre el prado

Líquida música licor

de cerezas donde danza

Sosiega el corazón

y no somete

La sigo

torpe en cuerpo

y en deseo

Ella

no viene a mansalva:

ni a puma ni

a ciervo

da la muerte

He construido un jardín…

De El jardín (1992)

He construido un jardín como quien hace

los gestos correctos en el lugar errado.

Errado, no de error, sino de lugar otro,

como hablar con el reflejo del espejo

y no con quien se mira en él.

He construido un jardín para dialogar

allí, codo a codo en la belleza, con la siempre

muda pero activa muerte trabajando el corazón.

Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo

atisba las dos orillas, no hay nada, más

que los gestos precisos

dejarse ir para cuidarlo

y ser, el jardín.

Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte

hablando en perfecto y distanciado castellano.

Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía

que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.

Ella que nunca pudo el escalpelo del horror

provista de herramientas para hacer, maravilloso

de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror

si la belleza lo sostiene. Mira el agujero

ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo

en el espejo frente al cual, la operatoria carece

de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su

eterno movimiento de partida. Flores, semillas y

plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay

poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una

tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,

mientras la sombra de su caída anuncia

en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir

sin sueño del sujeto cuando muere, mientras

la especie que lo contiene no cesa de forjarse.

El jardín exige, a su jardinera verlo morir.

Demanda su mano que recorte y modifique

la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros

bajo la noche helada. El jardín mata

y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer

gestos correctos en el lugar errado,

disuelve la ecuación, descubre páramo.

Amor reclamado en diferencia como

cielo azul oscuro contra la pena. Gota

regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas

a la orilla más lejana. I wish you

were here amor, pero sos, jardinera y no

jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero.

Salpicón de plata

De Fuerte como la muerte es el amor (2018)

Cada día a las once viene a visitarme

aunque sean días de lluvia el colibrí

y liba las flores blancas del jazmín

del país enredado en la pared

sobre los gigantes cuyas frentes asoman

y un ojo aún me ve desde el negro

de los gladiadores vuelto tumulto

del verde ahora...

arrecian las nubes oscuras

del norte y los truenos agostan

el rumor sutil de la naturaleza

en los bajos del verde,

dos mariposas se conqiuistan

al vuelo como diciendo

"a esto que siento no lo voltea

ni siquiera la tormenta"

y así pasan los días en el pueblo

de Zavalla mientras espero la llegada

de un poema que me salve

del tedio de los días

o espero a esa mujer

que vendrá con sus alas

nacaradas a volar

tras de mí

y yo

tras ella

como si fuéramos

las viejas primeras que harán

brillar la luna

con su salpicón de plata

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