César Moro

PERÚ

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El olor y la mirada

De La tortuga ecuestre y otros poemas; 1924-1949 (1957)

El olor fino solitario de tus axilas

Un hacinamiento de coronas de paja y heno fresco cortado

con dedos y asfódelos y piel fresca y golpes lejanos como

perlas.

Tu olor de cabellera bajo el agua azul con peces negros y

estrellas de mar y estrellas de cielo bajo la nieve

incalculable de tu mirada.

Tu mirada de holoturia de ballena de pedernal de lluvia de

diarios de suicidas húmedos los ojos de tu mirada de pie

de madrépora

Esponja diurna a medida que el mar escupe ballenas

enfermas y cada escalera rechaza a su viandante como la

bestia apestada que puebla los sueños del viajero

Y golpes centelleantes sobre las sienes y la ola que borra las

centellas para dejar sobre el tapiz la eterna cuestión de tu

mirada de objeto muerto tu mirada podrida de flor.

A vista perdida

De La tortuga ecuestre y otros poemas; 1924-1949 (1957)

No renunciaré jamás al lujo insolente al desenfreno suntuoso

de pelos como fasces finísimas colgadas de cuerdas y de

sables

Los paisajes de la saliva inmensos y con pequeños cañones

de plumasfuentes

El tornasol violento de la saliva

La palabra designando el objeto propuesto por su contrario

El árbol como una lamparilla mínima

La pérdida de las facultades y la adquisición de la demencia

El lenguaje afásico y sus perspectivas embriagadoras

La logoclonia el tic la rabia el bostezo interminable

La estereotipia el pensamiento prolijo

El estupor

El estupor de cuentas de cristal

El estupor de vaho de cristal de ramas de coral de bronquios

y de plumas

El estupor submarino y terso resbalando perlas de fuego

impermeable a la risa como un plumaje de ánade delante

de los ojos

El estupor inclinado a la izquierda flameante a la derecha de

columnas de trapo y de humo en el centro detrás de una

escalera vertical sobre un columpio

Bocas de dientes de azúcar y lenguas de petróleo

renacientes y moribundas descuelgan coronas sobre

senos opulentos bañados de miel y de racimos ácidos y

variables de saliva

El estupor robo de estrellas gallinas limpias labradas en roca

y tierna tierra firme mide la tierra del largo de los ojos.

El estupor joven paria de altura afortunada

El estupor mujeres dormidas sobre colchones de cáscaras de

fruta coronadas de cadenas finas desnudas

El estupor los trenes de la víspera recogiendo los ojos

dispersos en las praderas cuando el tren vuela y el silencio

no puede seguir al tren que tiembla

El estupor como ganzúa derribando puertas mentales

desvencijando la mirada de agua y la mirada que se pierde

en lo umbrío de la madera seca Tritones velludos

resguardan una camisa de mujer que duerme desnuda en

el bosque y transita la pradera limitada por procesos

mentales no bien definidos sobrellevando interrogatorios y

respuestas de las piedras desatadas y feroces teniendo

en cuenta el último caballo muerto al nacer el alba de las

ropas íntimas de mi abuela y gruñir mi abuelo de cara a la

pared

El estupor las sillas vuelan al encuentro de un tonel vacío

cubierto de yedra pobre vecina del altillo volador pidiendo

el encaje y el desagüe para los lirios de manteleta primaria

mientras una mujer violenta se remanga las faldas y

enseña la imagen de la Virgen acompañada de cerdos

coronados con triple corona y moños bicolores

La medianoche se afeita el hombro izquierdo sobre el hombro

derecho crece el pasto pestilente y rico en aglomeraciones

de minúsculos carneros vaticinadores y de vitaminas

pintadas de árboles de fresca sombrilla con caireles y rulos

Los miosotis y otros pesados geranios escupen su miseria.

El grandioso crepúsculo boreal del pensamiento

esquizofrénico

La sublime interpretación delirante de la realidad

No renunciaré jamás al lujo primordial de tus caídas

vertiginosas oh locura de diamante

Amo el amor

De La tortuga ecuestre y otros poemas; 1924-1949 (1957)

En el agua dorada el sol quemante

refleja la mano del zenit.

I

Amo el amor

El martes y no el miércoles

Amo el amor de los estados desunidos

El amor de unos doscientos cincuenta años

Bajo la influencia nociva del judaísmo sobre la vida monástica

De las aves de azúcar de heno de hielo de alumbre o de

bolsillo

Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al

vacío

El amor como apareció en doscientos cincuenta entregas

durante cinco años

El amor de economía quebrantada

Como el país más expansionista

Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias

Para adoptar esas sencillas armas del amor

Donde el crimen pernocta y bebe el agua clara

De la sangre más caliente del día

II

Amo el amor de ramaje denso

Salvaje al igual de una medusa

El amor-hecatombe

Esfera diurna en que la primavera total

Se columpia derramando sangre

El amor de anillos de lluvia

De rocas transparentes

De montañas que vuelan y se esfuman

Y se convierten en minúsculos guijarros

El amor como una puñalada

Como un naufragio

La pérdida total del habla del aliento

El reino de la sombra espesa

Con los ojos salientes y asesinos

La saliva larguísima

La rabia de perderse

El frenético despertar en medio de la noche

Bajo la tempestad que nos desnuda

Y el rayo lejano transformando los árboles

En leños de cabellos que pronuncian tu nombre

Los días y las horas de desnudez eterna

III

Amo la rabia de perderte

Tu ausencia en el caballo de los días

Tu sombra y la idea de tu sombra

Que se recorta sobre un campo de agua

Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo

Que me deshace y te recrea

El tiempo que amanece dejándome más solo

Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en

la sombra de los días

Como una bestia desdentada que persigue su presa

Como el milano sobre el cielo evolucionando con una

precisión de relojería

Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti

Con una fatalidad de bomba de dinamita

Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre

Luchando con el día lacerando el alba

Zafando el cuerpo de la muerte

Y al fin es mío el tiempo

Y la noche me alcanza

Y el sueño que me anula te devora

Y puedo asimilarte como un fruto maduro

Como una piedra sobre una isla que se hunde

IV

El agua lenta el camino lento los accidentes lentos

Una caída suspendida en el aire el viento lento

El paso lento del tiempo lento

La noche no termina y el amor se hace lento

Las piernas se cruzan y se anudan lentas para echar raíces

La cabeza cae los brazos se levantan

El cielo de la cama la sombra cae lenta

Tu cuerpo moreno como una catarata cae lento

En el abismo

Giramos lentamente por el aire caliente del cuarto caldeado

Las mariposas nocturnas parecen grandes carneros

Ahora sería fácil destrozarnos lentamente

Arrancarnos los miembros beber la sangre lentamente

Tu cabeza gira tus piernas me envuelven,

Tus axilas brillan en la noche con todos sus pelos

Tus piernas desnudas

En el ángulo preciso

El olor de tus piernas

La lentitud de percepción

El alcohol lentamente me levanta

El alcohol que brota de tus ojos y que más tarde

Hará crecer tu sombra

Mesándome el cabello lentamente subo

Hasta tus labios de bestia

V

Verte los días el agua lenta

Una cabellera la arena de oro

Un volcán regresa a su origen

Verte si cuento las horas

La espalda del tiempo divinamente llagada

Una ánfora desnuda hiende el agua

El rocío guarda tu cuerpo

En lo recóndito de una montaña mágica

Cubierta de zapatos de muñeca y de tarjetas de visita de los

dioses

Armodio Nerón Calígula Agripina Luis II de Baviera

Antonio Cretina César

Tu nombre aparece intermitente

Sobre un ombligo de panadería

A veces ocupa el horizonte

A veces puebla el cielo en forma de minúsculas abejas

Siempre puedo leerlo en todas direcciones

Cuando se agranda y se complica de todas las palabras que

lo siguen

O cuando no es sino un enorme pedazo de lumbre

O el paso furtivo de las bestias del bosque

O una araña que se descuelga lentamente sobre mi cabeza

O el alfabeto enfurecido

VI

El agua lenta las variaciones mínimas lentas

El rostro leve lento

El suspiro cortado leve

Los guijarros minúsculos

Los montes imperceptibles

El agua cayendo lenta

Sobre el mundo

Junto a tu reino calcinante

Tras los muros el espacio

Y nada más el gran espacio navegable

El cuarto sube y baja

Las olas no hacen nada

El perro ve la casa

Los lobos se retiran

El alba acecha para asestarnos su gran golpe

Ciegos dormidos

Un árbol ha crecido

En vano cierro las ventanas

Miro la luna

El viento no ha cesado de llamar a mi puerta

La vida oscura empieza

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