Cassandra Rios

BRASIL

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Traducciones de Sebastián González

A lágrima que me desce pela face…

De Minha Metempsicose (1964)

A lágrima que me desce pela face

faz ruido em minha pele

e estremece!

Não devo chorar!

Há um grito no silêncio

do soluço mudo

que vibra o coração —

e o sangue em tumulto

estufa

palpita

nas veias de aparência tão azul —

quando rasgadas:

vermelhas como brasas

fogo a arder na carne!

Soluço

e tenho medo

a inconsciência que vem

traz coisas nauseantes:

o ontem que se transmuda

em confusão de pesadelos

no reverso das coisas

como palavras reflexas nos espêlhos!

Quero silêncio

e não existe!

Estremece a catástrofe

em trovoadas.

La lágrima que cae por mi cara…

De Minha Metempsicose (1964)

La lágrima que cae por mi cara

hace un ruido en mi piel

¡y estremece!

¡No debo llorar!

Hay un grito en el silencio

del sollozo mudo

que vibra el corazón —

y la sangre en tumulto

hierve

palpita

en las venas de apariencia tan azul —

cuando rasgadas:

rojas como brasas

¡fuego ardiendo en la carne!

Sollozo

y tengo miedo

la insconsciencia que viene

trae cosas nauseabundas:

el ayer que se convierte

en confusión de pesadillas

en el reverso de las cosas

¡como palabras reflejadas en los espejos!

Estremece la catástrofe

en chaparrones.

Era Safo!…

De Minha Metempsicose (1964)

Era Safo!

O rosto venerável sorria!

E a cabeleira em madeixas graciosas,

despenteadas pela brisa que soprava leve,

impregnou todo o ar

de um embriagante

perfume de rosas!

A alma, o corpo, o ouvido, a bôca

tudo em mim invadido por emoções,

ardia em febre num furor que excitava,

como se da sua alma feita de voluptuosidade

à minha alma transmigrasse

a essência do êxtase e do desejo,

numa guerra inesperada dos sentidos!

Trêmulo, o archote na mão da Noite,

respingava lucernas

num céu que se pintalgava de luz.

E os seus cavalos negros, atiçados

puxavam para o infinito.

o alado carro de ébano.

Vi as mãos de Safo

insinuantes, líricas, seráficas,

erguerem-se como notas musicais

de címbalos, repentinas —

e como se tangessem as cordas sonoras

de uma cítara

seus dedos feitos de mistério e de harmonia,

teceram em cada fio dos meus cabelos

um arrepio!

¡Era Safo!…

De Minha Metempsicose (1964)

¡Era Safo!

¡El rostro venerable sonreía!

¡Y la cabellera, en madejas graciosas

despeinadas por la brisa que soplaba suave

impregnó todo el aire

de un embriagante

perfume de rosas!

¡El alma, el cuerpo, el oído, la boca

todo en mí invadido por emociones,

ardía en fiebre en un furor que excitaba,

como si de su alma hecha de voluptuosidad

a mi alma transmigrase

la esencia del éxtasis del deseo,

en una guerra inesperada de los sentidos!

Trémula, la antorcha en la mano de la Noche,

respingaba luceros

en un cielo que salpicaba de luz

y sus caballos negros, atizados

empujaban hacia el infinito

el alado carro de ébano.

Vi las manos de Safo

insinuantes, líricas, seráficas,

levantarse como notas musicales

de címbalos, repentinas —

y como si tañesen las cuerdas sonoras

de una cítara

sus dedos hechos de misterio y de armonía

tejieron en cada hilo de mis cabellos

¡un escalofrío!

Tôdas as mulheres!…

De Minha Metempsicose (1964)

Tôdas as mulheres!

Vinde!

Quero ensinar-vos a arte de amar.

Sou discípula de Safo

Sou o que ela foi,

aprendi palavras de amor

no Templo de Lesbos.

Cantarei meus versos cascateantes...

quero ser a sereia,

a ninfa da montanha dos amantes,

a musa que empolgou a Hélada inteira,

para empolgar-vos com o meu amor.

Trago verbenas colhidas dos jardins de Eifeso,

flores que brotaram das lágrimas caídas

das estrêlas vivas.

Trago poeira de astros

um chão de púrpura,

para tecer

por onde passarão as amantes de Afrodite.

Tenho na garganta gemidos sufocados —

para cantar no dia dos beijos.

Trago nos dedos

o mistério dos gôzos das afrodísias.

Bates deixou sua túnica de impudicícia

e desprendeu-se dos prazeres infames

para ensinar-me as caricias divinas.

¡Todas las mujeres!…

De Minha Metempsicose (1964)

¡Todas las mujeres!

¡Vengan!

Quiero enseñarles el arte de amar.

Soy discípula de Safo.

Soy lo que ella fue,

aprendí palabas de amor

en el Templo de Lesbos.

Cantaré mis versos en cascada…

quiero ser la sirena

la ninfa de la montaña de los amantes,

la musa que fascinó a la Hélade entera,

para fascinarlas con mi amor.

Traigo verbenas recogidas de los jardines de Éfeso,

flores que brotaron de lágrimas caídas

de las estrellas vivas.

Traigo polvo de estrellas

un suelo de púrpura,

para tejer

por donde pasarán las amantes de Afrodita.

Tengo en la garganta gemidos sofocados —

para cantar en el día de los besos.

Traigo en los dedos

el misterio de los gozos de las afrodisias.

Bates* dejó su túnica de impudicicia

y se desprendió de los placeres infames

para enseñarme las caricias divinas.

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