Alfredo Fressia

URUGUAY

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I

De Un esqueleto azul y otra agonía (1973)

Acuérdate también de los perdidos,

los de nadie o todos

—asaporte vacío, ojos ajenos—

por su mundo propio.

De los bellos, acuérdate,

mutilados en intransitables madrugadas.

Y de los fieles en su amanecer de espera,

como un cadáver yaciendo,

acuérdate.

Lo que han escondido las entrañas de la tierra,

lo que han buscado los hombres eruditos,

lo que ha subido por las ramas y los pájaros

y ha llegado a mis ojos,

lo que ha girado la tierra en el circuito

de un infierno asumido en el silencio,

el tiempo y la distancia de un anhelo,

el mundo oscurecido de los padres

que traen a la luz padres de hijos

que traen a la luz otros de nuevo

hasta llegar a estos hombres.

Y entre ellos esta vida respirando secretos a un tiempo que se ahoga,

este tiempo dormido en los recuerdos,

alguien que camina apresurado con Homero en la memoria

porque no tiene fuerzas para adivinar los signos del polvo,

alguien que llora con llanto de ojos y de huesos,

alguien que odió y que hasta ha amado,

este angustiado que calló entre los dientes sus gritos de pavor,

este dueño de sus dos metros de tierra,

este hombre, aquí, entre otros hombres.

Por el puñal del grito de otro día

la madrugada es cruel como lágrimas ocultas

en su cama de sonidos.

Ah su sonrisa,

una mano de amor dada a la muerte,

subiendo por llamas de pestañas

cuando no es luz, no es fuego

—emonio casi abismo—

una condena trivial y pavorosa

un trance pasajero

un deber que el niño terminaba

y a la cama

y así pasó otro día en su promesa

una nota, una traición, un camarada

pasando inadvertido

como un gesto de muerte en la pupila del espejo

que grita enmudecido en su agonía.

De la sonrisa displicente del último ajusticiado

aprendí mi odio a los espejos.

La sangre se detiene cuando todos

todos esperaban su torrente de luz en al caída.

Vidrio es ahora la saliva entre mis dientes

cuando el odio me brota del ojo sin eco

duro y reversible —muerto

tan muerto como esta luz opaca

que finge brillar tras cada lente.

(De su sonrisa amarilla de fotos

alguien muere presente en un vértice de ancestros)

Yo estoy donde no soy

y la córnea no siente

un cristal reflejante.

Tronco de miedo donde me detengo,

las raíces del horror han seguido tus huellas.

Tronco de miedo, tus hojas son muerte

y en mis ojos teje el demonio la red de su caída.

Come del fruto y descansa,

cuando ahora es nada, mañana no hay muerte.

No moverás tu boca y no mostrarás tus dientes,

callarás cada palabra tuya

y nadie escuchará tu grito

de horror

tapado y muerto.

(Encontré entre mis nervios un hermano,

paloma derrumbada,

y los ojos del aborto corrieron por mi sangre)

Tronco de miedo, tú alimentas tu sed

con el horror de todos.

El horror de mi hermano destrozado en la cloaca

y en la casa un niño está callado

recordando el verano dulcísimo del mundo,

y un día le dijeron: Ven, ven a ver las raíces en la arena,

buscan agua y no quieren morir.

Cuando las gaviotas partan habrá llegado el otoño y casi no andará savia por tus huesos. Pero eso dura poco. En esta playa siempre es primavera y aprenderás que el fruto del que comes subirá por las raíces a tus ojos.

Tronco de miedo, te querrías volcar sobre las olas

pero las raíces te lo impedirán

apresando otro fruto.

Tronco de miedo, las hojas del horror

devorarán toda primavera

entre las huellas siempre mudas de la playa.

Y te acercaste a tu hora última

con los ojos vacíos

y en las manos tu pupila

resplandeció de siete rayos y de siete colores

cuando abriste tu boca a la tormenta.

La voz que habías oído desde un dragón de espera

se enredó entre tus pies

(el hipopótamo se alejaba de ti hacia el pantano)

y arrancaste tus orejas y viste

sin Arcángel

la madeja de mentiras

y el vellón de dolor estaba intacto

y en tu grito final

tu sangre huyó de espanto

y sólo viste

un esqueleto azul y otra agonía.

Nocturno

De Clave final (1982)

Noche, puta vigilante,

te canjeo tu ilusión, yo te doy

el contrabando armado por los hombres cada día,

te compro tu mentira.

Yo traiciono tus trampas y atravieso

tu aduana más furtiva.

Yo soy la bestezuela salvaje en tus collares,

yo soy la prostituta y el que no soportó

la pesadilla y huyó y soy

el travesti fantasiado en tus ampollas.

Yo le canto a tu danza de gatos encelados,

soy el trueque de tu gozo,

mi reverso, mi negado

perfil iluminado, mi piel

tres veces acosada en sus fronteras,

mi parcela de sol, mis cercadas

palabras.

Retrato

De El memorial de hombres que me amaron (2012)

Mira el espejo en la vidriera

y todo se refleja menos él.

Se refleja su cuerpo, ve

sus ojos, con ojeras, ve

su ropa, puesta con cuidado,

ve que aprendió finalmente

que el mundo es de los otros,

cuidadosamente de los otros, con ojeras

de los otros y esta calle y la Patria

y las reglas de este enfermo,

este suspecto hijo de nadie, este

anónimo en la calle y en la vida

de los otros que no miran

el espejo en que él se mira

entero y está ausente.

Lujuria

De Poeta en el Edén (2012)

La chair est triste, hélas, pero ¿y la fantasía?,

¿y es mental un pecado si usamos los sentidos?

Por los nueve agujeros del cuerpo, como un guía,

un vértigo fue abriendo las llaves del alivio.

No es el apelo mudo de la especie en el tiempo

que nos habla de lejos como de un deber último.

Ese goce no tiene ni locura ni exceso,

es el dios de los hijos, el secreto del mundo.

A ti, vieja lujuria, te cometí tan poco

y tanto algunas veces, fui más allá del sexo.

Hubo hombres que me amaron, y el amor no es vicioso,

pero a ti te entregué la otra faz del deseo

donde se desvanecen Actos contra naturam

(cuando yo me perdía en las nalgas de Eros)

y hoy palpo en tus palabras —concupiscencia impúdica—

y mi vicio más íntimo acaba en desenfreno.

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