Alfredo Fressia
URUGUAY
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Fecha de nacimiento
2 de agosto de 1948
Ciudad de nacimiento
Montevideo
Fecha de defunción
7 de febrero de 2022
Ciudad de defunción
São Paulo, Brasil
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En proceso de documentación.
I
De Un esqueleto azul y otra agonía (1973)
Acuérdate también de los perdidos,
los de nadie o todos
—asaporte vacío, ojos ajenos—
por su mundo propio.
De los bellos, acuérdate,
mutilados en intransitables madrugadas.
Y de los fieles en su amanecer de espera,
como un cadáver yaciendo,
acuérdate.
Lo que han escondido las entrañas de la tierra,
lo que han buscado los hombres eruditos,
lo que ha subido por las ramas y los pájaros
y ha llegado a mis ojos,
lo que ha girado la tierra en el circuito
de un infierno asumido en el silencio,
el tiempo y la distancia de un anhelo,
el mundo oscurecido de los padres
que traen a la luz padres de hijos
que traen a la luz otros de nuevo
hasta llegar a estos hombres.
Y entre ellos esta vida respirando secretos a un tiempo que se ahoga,
este tiempo dormido en los recuerdos,
alguien que camina apresurado con Homero en la memoria
porque no tiene fuerzas para adivinar los signos del polvo,
alguien que llora con llanto de ojos y de huesos,
alguien que odió y que hasta ha amado,
este angustiado que calló entre los dientes sus gritos de pavor,
este dueño de sus dos metros de tierra,
este hombre, aquí, entre otros hombres.
Por el puñal del grito de otro día
la madrugada es cruel como lágrimas ocultas
en su cama de sonidos.
Ah su sonrisa,
una mano de amor dada a la muerte,
subiendo por llamas de pestañas
cuando no es luz, no es fuego
—emonio casi abismo—
una condena trivial y pavorosa
un trance pasajero
un deber que el niño terminaba
y a la cama
y así pasó otro día en su promesa
una nota, una traición, un camarada
pasando inadvertido
como un gesto de muerte en la pupila del espejo
que grita enmudecido en su agonía.
De la sonrisa displicente del último ajusticiado
aprendí mi odio a los espejos.
La sangre se detiene cuando todos
todos esperaban su torrente de luz en al caída.
Vidrio es ahora la saliva entre mis dientes
cuando el odio me brota del ojo sin eco
duro y reversible —muerto
tan muerto como esta luz opaca
que finge brillar tras cada lente.
(De su sonrisa amarilla de fotos
alguien muere presente en un vértice de ancestros)
Yo estoy donde no soy
y la córnea no siente
un cristal reflejante.
Tronco de miedo donde me detengo,
las raíces del horror han seguido tus huellas.
Tronco de miedo, tus hojas son muerte
y en mis ojos teje el demonio la red de su caída.
Come del fruto y descansa,
cuando ahora es nada, mañana no hay muerte.
No moverás tu boca y no mostrarás tus dientes,
callarás cada palabra tuya
y nadie escuchará tu grito
de horror
tapado y muerto.
(Encontré entre mis nervios un hermano,
paloma derrumbada,
y los ojos del aborto corrieron por mi sangre)
Tronco de miedo, tú alimentas tu sed
con el horror de todos.
El horror de mi hermano destrozado en la cloaca
y en la casa un niño está callado
recordando el verano dulcísimo del mundo,
y un día le dijeron: Ven, ven a ver las raíces en la arena,
buscan agua y no quieren morir.
Cuando las gaviotas partan habrá llegado el otoño y casi no andará savia por tus huesos. Pero eso dura poco. En esta playa siempre es primavera y aprenderás que el fruto del que comes subirá por las raíces a tus ojos.
Tronco de miedo, te querrías volcar sobre las olas
pero las raíces te lo impedirán
apresando otro fruto.
Tronco de miedo, las hojas del horror
devorarán toda primavera
entre las huellas siempre mudas de la playa.
Y te acercaste a tu hora última
con los ojos vacíos
y en las manos tu pupila
resplandeció de siete rayos y de siete colores
cuando abriste tu boca a la tormenta.
La voz que habías oído desde un dragón de espera
se enredó entre tus pies
(el hipopótamo se alejaba de ti hacia el pantano)
y arrancaste tus orejas y viste
sin Arcángel
la madeja de mentiras
y el vellón de dolor estaba intacto
y en tu grito final
tu sangre huyó de espanto
y sólo viste
un esqueleto azul y otra agonía.
Nocturno
De Clave final (1982)
Noche, puta vigilante,
te canjeo tu ilusión, yo te doy
el contrabando armado por los hombres cada día,
te compro tu mentira.
Yo traiciono tus trampas y atravieso
tu aduana más furtiva.
Yo soy la bestezuela salvaje en tus collares,
yo soy la prostituta y el que no soportó
la pesadilla y huyó y soy
el travesti fantasiado en tus ampollas.
Yo le canto a tu danza de gatos encelados,
soy el trueque de tu gozo,
mi reverso, mi negado
perfil iluminado, mi piel
tres veces acosada en sus fronteras,
mi parcela de sol, mis cercadas
palabras.
Retrato
De El memorial de hombres que me amaron (2012)
Mira el espejo en la vidriera
y todo se refleja menos él.
Se refleja su cuerpo, ve
sus ojos, con ojeras, ve
su ropa, puesta con cuidado,
ve que aprendió finalmente
que el mundo es de los otros,
cuidadosamente de los otros, con ojeras
de los otros y esta calle y la Patria
y las reglas de este enfermo,
este suspecto hijo de nadie, este
anónimo en la calle y en la vida
de los otros que no miran
el espejo en que él se mira
entero y está ausente.
Lujuria
De Poeta en el Edén (2012)
La chair est triste, hélas, pero ¿y la fantasía?,
¿y es mental un pecado si usamos los sentidos?
Por los nueve agujeros del cuerpo, como un guía,
un vértigo fue abriendo las llaves del alivio.
No es el apelo mudo de la especie en el tiempo
que nos habla de lejos como de un deber último.
Ese goce no tiene ni locura ni exceso,
es el dios de los hijos, el secreto del mundo.
A ti, vieja lujuria, te cometí tan poco
y tanto algunas veces, fui más allá del sexo.
Hubo hombres que me amaron, y el amor no es vicioso,
pero a ti te entregué la otra faz del deseo
donde se desvanecen Actos contra naturam
(cuando yo me perdía en las nalgas de Eros)
y hoy palpo en tus palabras —concupiscencia impúdica—
y mi vicio más íntimo acaba en desenfreno.