Reinaldo Arenas
CUBA
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Fecha de nacimiento
16 de julio de 1943
Ciudad de nacimiento
Holguín
Fecha de defunción
7 de diciembre de 1990
Ciudad de defunción
Nueva York, Estados Unidos
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Voluntad de vivir manifestándose
De Voluntad de vivir manifestándose (1989)
Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra
que me cubre.
Me aplastan y vituperan
repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Éste es mi momento.
“Grandioso” finale
De Leprosorio (Trilogía poética) (1981)
Oh, pero qué maricona más pesimista, dirá el actualizado burgués (aferrado a un sillón de mimbre que se derrumba) captado por las optimistas consignas ocasionales del marxista que sabe que sin la santa fe del cretino no podría engullirse a tiempo la tierra, antes que estalle
Pero
yo
Veo un continente de indios esclavizados y hambrientos, reventando en las minas o en el fondo del mar.
(Afuera estalla el aguacero y los invasores cruzan el do aferrados a bamboleantes criznejas.)
Pero
yo
Veo tres millones de negros esclavizados y hambrientos, extendiendo el cañaveral a los pies del amo.
(Afuera llueve y una gran nave pirata recala en el puerco.)
Pero
yo
Veo un ejército de adolescentes esclavizados y hambrientos, arañando la tierra.
(Lluvias. Y la flota soviética que arriba en «visita amistosa»).
Qué querías que te dijese, de qué quieres que te hable.
De qué puedo hablarte,
dime
de qué otra cosa puedo
hablarte
sin que merezca que me arranquen la lengua
por traidor.
Dime
¿Salvaste el tesoro del Tatarrax?
¿Has visto de cerca el rostro de los héroes?
¿Serías capaz de olvidar las sucesivas humillaciones
sobre las que apacientas tu futuro?
O
¿es que aún confías en el edificante hedor de los
cadáveres?
Veo manos esclavas agitándose siempre
en la fija tiniebla del tiempo.
Tararí,
He aquí la trompeta
tocada por respetables señores
cuya inocencia y seriedad
la testifican la carencia de alas, el vientre
prominente y el padecer de
hemorroides.
Tararí,
He aquí la corneta
tocada no por tritones ni por animales de
17 lenguas fulminantes,
sino por espléndidas máquinas
que saben transformar la energía solar
y aprovechar los residuos del bagazo.
Tararí,
He aquí el pitazo, el cornetazo,
el badajazo descomunal. He aquí el golpe orquestal
inapelable, el ronco bramar, el mecanizado
chillido,
la insolente llamada.
La siempre renovada y potente,
la actualizada
la electrificada
la patriotizada
la legendaria
la esclavizante
la incesante
la ineludible llamada.
—el golpe de gracia.
Vamos.
Autoepitafio
De Voluntad de vivir manifestándose (1989)
Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabía que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sórdido horror tiene su encanto.
Vivió para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
—precisamente porque nos marchamos—
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
sólo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conoció la prisión, el ostracismo,
el exilio, las múltiples ofensas
típicas de la vileza humana;
pero siempre lo escoltó cierto estoicismo
que le ayudó a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la mañana.
Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.