Reinaldo Arenas

CUBA

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Voluntad de vivir manifestándose

De Voluntad de vivir manifestándose (1989)

Ahora me comen.

Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.

Oigo su roer llegarme hasta los testículos.

Tierra, me echan tierra.

Bailan, bailan sobre este montón de tierra

y piedra

que me cubre.

Me aplastan y vituperan

repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.

Me han sepultado.

Han danzado sobre mí.

Han apisonado bien el suelo.

Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.

Éste es mi momento.

“Grandioso” finale

De Leprosorio (Trilogía poética) (1981)

Oh, pero qué maricona más pesimista, dirá el actualizado burgués (aferrado a un sillón de mimbre que se derrumba) captado por las optimistas consignas ocasionales del marxista que sabe que sin la santa fe del cretino no podría engullirse a tiempo la tierra, antes que estalle

Pero

yo

Veo un continente de indios esclavizados y hambrientos, reventando en las minas o en el fondo del mar.

(Afuera estalla el aguacero y los invasores cruzan el do aferrados a bamboleantes criznejas.)

Pero

yo

Veo tres millones de negros esclavizados y hambrientos, extendiendo el cañaveral a los pies del amo.

(Afuera llueve y una gran nave pirata recala en el puerco.)

Pero

yo

Veo un ejército de adolescentes esclavizados y hambrientos, arañando la tierra.

(Lluvias. Y la flota soviética que arriba en «visita amistosa»).

Qué querías que te dijese, de qué quieres que te hable.

De qué puedo hablarte,

dime

de qué otra cosa puedo

hablarte

sin que merezca que me arranquen la lengua

por traidor.

Dime

¿Salvaste el tesoro del Tatarrax?

¿Has visto de cerca el rostro de los héroes?

¿Serías capaz de olvidar las sucesivas humillaciones

sobre las que apacientas tu futuro?

O

¿es que aún confías en el edificante hedor de los

cadáveres?

Veo manos esclavas agitándose siempre

en la fija tiniebla del tiempo.

Tararí,

He aquí la trompeta

tocada por respetables señores

cuya inocencia y seriedad

la testifican la carencia de alas, el vientre

prominente y el padecer de

hemorroides.

Tararí,

He aquí la corneta

tocada no por tritones ni por animales de

17 lenguas fulminantes,

sino por espléndidas máquinas

que saben transformar la energía solar

y aprovechar los residuos del bagazo.

Tararí,

He aquí el pitazo, el cornetazo,

el badajazo descomunal. He aquí el golpe orquestal

inapelable, el ronco bramar, el mecanizado

chillido,

la insolente llamada.

La siempre renovada y potente,

la actualizada

la electrificada

la patriotizada

la legendaria

la esclavizante

la incesante

la ineludible llamada.

—el golpe de gracia.

Vamos.

Autoepitafio

De Voluntad de vivir manifestándose (1989)

Mal poeta enamorado de la luna,

no tuvo más fortuna que el espanto;

y fue suficiente pues como no era un santo

sabía que la vida es riesgo o abstinencia,

que toda gran ambición es gran demencia

y que el más sórdido horror tiene su encanto.

Vivió para vivir que es ver la muerte

como algo cotidiano a la que apostamos

un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.

Supo que lo mejor es aquello que dejamos

—precisamente porque nos marchamos—

Todo lo cotidiano resulta aborrecible,

sólo hay un lugar para vivir, el imposible.

Conoció la prisión, el ostracismo,

el exilio, las múltiples ofensas

típicas de la vileza humana;

pero siempre lo escoltó cierto estoicismo

que le ayudó a caminar por cuerdas tensas

o a disfrutar del esplendor de la mañana.

Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana

por la cual se lanzaba al infinito.

No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,

ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto

(ni después de muerto quiso vivir quieto).

Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar

donde habrán de fluir constantemente.

No ha perdido la costumbre de soñar:

espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.

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