Néstor Perlongher
ARGENTINA
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Fecha de nacimiento
25 de diciembre de 1949
Ciudad de nacimiento
Buenos Aires
Fecha de defunción
26 de noviembre de 1992
Ciudad de defunción
São Paulo, Brasil
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Corto pero ligero
De Alambres (1987)
(Y no habría de ser: esa chupada, ese lambeteo: cebado el mate
junto al fogón de los arrieros, que arden de...
ese descanso de la tropa alzada, en grupas: no
habría de bajarme el chiripá, descendiendo a este
encuentro. Ahora susurra el viento en la ventana
que da al aljibe: hurras blande
no desacordonarme la manea
donde tremolo temblorosa?)
Una historia de sables, de pistolas
De trincheras con flores de sapo y de zarza parrilla
Como hecha a dedo, a pecho
Echada en el camino de Tarija
Por un gendarme ríspido, montés
Trasiego, belicosa?
Belfo y flande
Congoja
Si tuviera que ver este lenguaje
con el terror de esos paisanos
que al ver al General piensan en Hoffman
Si su respiración no moviera las borlas de la cama de Rosas,
de Esmeralda
Y él no se lo encontrase, al regreso de un vado, en la catrera:
en el encame jabonoso, como un lagarto entre los lienzos
aparece con labios de obsidiana y perfume de ajenjo: huele a chipre
(Si no me hubieras dicho qué paso
en esa noche de Cañuelas, la última
- un bolero: si bien -
aún te querría?)
Un general moviendo espadas en la sombra
Cacha y espuela, blonda y nácar
Coro de férulas:
Un general que agita los pendorchos
y se entrega al de enfrente, saltando los tapiales
es más mujer que hombre, es más mujer para ser hombre.
hombre de más para mujer: un general,
un artesano de la muerte
Chupa, lame esta hinchazón del español.
El palacio del cine
De Alambres (1987)
Hay algo de nupcial en ese olor
o racimo de bolas calcinadas
por una luz que se drapea
entre las dunas de las mejillas
el lechoso cairel de las ojeras
que festonean los volados
rumbo al olor del baño, al paraíso
del olor, que pringa
las pantallas donde las cintas
indiferentes rielan
guerras marinas y nupciales.
Los escozores de la franela
sobre el zapato de pájaro pinto
can paso al anelar o pegan toques
de luna creciente o de frialdad
en el torcido respaldar
que disimila el brinco
tras un aro de fumo
y baban carreteles de goma
que dejan resbaloso el rayo
del mirador entretenido en otra cosa.
Aleve como la campanilla del lucero
el iluminador los despabila
y reparte polveras de esmirna
el el salitre de las botamangas.
y en el rouge de las gasas
que destrenzan las bocas
esparciendo un cloqueo diminuto
de pez espada atrapado en la pecera
o de manatí vuelto sirena
para reconocerlos.
Pero apenas los prende de plata
se aja el rayon y los sonámbulos
encadenan a verjas de fierro
para recuperar la sombra o el remanso
del cuerpo derramado como yedra
las palanganas de esmerilo, el caucho
que flota en la redoma
donde se peinan, tallarinesco o anguiloso, el pubis
con un cedazo de humedad.
Y el sexo de las perras
arroja tarascones lascivos
a las tibias de los que acezan
hurtarse del lamé que lame el brin
de marinero que fumando
ve mirar la pantalla
donde los ojos pasan otra cinta
y entretendido en otro lado
mezcla las patas a la ojera
carosa, que acurrucada en el follaje
folla o despoja al pájaro de nombres
en una noche americana.
Látex
De Hule (1989)
En el brilloso látex envainada
la turgencia plegando espejos riza
los vellos que descuellan
para no derramar el ronroneo
de la sal-pica-dura.
Sal pica dura!
Porque rasgando el aflojado limo
ásperas púrpura iluminas, ciegas
emanaciones sulfurosas azu-
lan el banlon calloso de la interioridad,
si al trueque de los flujos
irriga, viento de hades, el sinuoso
pachuli de embestida cenagosa, mucílagos
toman la sordidez de los murciélagos, índigas
supuraciones corren el foco de la foto,
tijereteando la película
con la canilla del descarne,
el chorro de ceniza rancia, raso
sobre la losa, rosa pálido.
Danzig
De Parque Lezama (1990)
La rutilancia de las lentejuelas
en un rimmel de tan marmóreo transparente
el rebote de los ojares
en las azulejas de pintos níveos y plumosos
esfinge nítida bajo el implacable velador
cebaba el puntilleo de las pestañas
con una fijeza de ciempiés,
sólo mucho después conoce su renguera.
Esfinge de codos revoloteantes y ampulosos, la gorguera
en la rebaba de la cervez
alabraba otros potros que los amarrados al palenque. El palio
era como intestino, porque las pompas
tapizaban en la escamación las peceras ventrales, y el dolor
de la espera, o de la sola sola noche
sollozaba contra el estaño pegajoso:
la noche del carnicero
en la lámina de la hoja el pincho
pichicho fuera de sí.
Los tatuajes de los azulejos se repetían en los antebrazos, pero los abrazos en los
anteojos los refractaba la luz de plata
que salpicaba las muñecas de la mancha rocío.
Pero la esponja del lavacopas detergía la hialinidad de los guerrero
sque se tumbaban en las puertas de aireo de ráfagas de betún
poniéndole precio (o ala) al cenicero,
aplastaban las coles en el mosaico pantanoso,
en balde,
porque la novia estaba ahogada en el bañito