Fernando Molano Vargas
COLOMBIA
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Fecha de nacimiento
9 de julio de 1961
Ciudad de nacimiento
Bogotá
Fecha de defunción
10 de abril de 1998
Ciudad de defunción
Bogotá
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Fernando Molano Vargas: una ventana hacia la literatura homoerótica
Marieth Helena Serrato Castro
Con estos deseos de verte
De Todas mis cosas en tus bolsillos (1997)
Ese bus que va para tu barrio
las monedas que no tengo en mi bolsillo
por consiguiente
las calles que hoy no caminaremos
los besos que no te daré entretanto
—la vida en sí
en cada miseria.
V.I.H.
De Todas mis cosas en tus bolsillos (1997)
Soy joven y estoy aún,
digamos,
en ese tiempo inverosímil
que para mis mayores ha huido
tan de prisa.
En mí el deseo
se encabrita a cada instante
de cada noche y de cada día,
y bien podría ser recompensado
sin dar, por otra parte, mucho.
Así, no tengo por qué pedir la fuerza
y el coraje: yo los tengo simplemente
y sigo —sin proponérmelo siquiera
echando cosas en el talego de mis sueños.
Aún conservo —no sé explicar cómo
una pizca de esperanza
suficiente
para creer que serán mejores las cosas
—no las mías: las cosas llanamente
e intento,
aunque no puedo evitarlo a veces,
no ser cruel.
Pero hacía mí la muerte se apresura.
En verdad, hace años la tengo
pegada a mis talones,
soplándome su vaho en los carrillos.
Manos arriba contra la pared,
apretados los muslos y los ojos,
ella me tiene;
y aguardo, solo, a que por fin me aseste
su triste golpe.
¿Qué espera, pues, la muerte?
¿Qué pretende conmigo esta señora
solo rozando mi cuerpo
sus tiernos velos
sin abrazarme?,
mientras mi espalda bulle
y me excita
la vida,
y el amor,
y el deseo:
los muchachos,
el fresco aroma
en sus axilas…
Petición
De Todas mis cosas en tus bolsillos (1997)
Si ustedes lo permiten, yo quisiera declarar que he cruzado por la vida. Y aún me queda.
A veces temo que los hombres seamos solo una raza de náufragos perversos, y no exista en la isla el verdadero amor, como no sea el propio (o el de dos, a lo sumo).
Aún así, a mí la vida me seduce, y siempre aguardo a que en cualquier esquina me asalte la bondad de algún extraño.
De mi fragilidad ya ha sacado su provecho este mundo en que he nacido: no creo amarlo mucho. Pero adoro sus utopías, en especial las que han muerto, y no he dejado de soñar el día en que triunfe alguna revolución de hombres buenos, y pudiera en ella sentirme a gusto, a un cuando nadie me ame y yo esté solo.
Pero ocurre que ya me deja el tiempo, como a un pasajero olvidado en esta pobre estación que es mi casa y mi país. Y quisiera, al fin y al cabo, si ustedes lo permiten, preguntar: ¿No sería posible, en lo que queda, sin que hacia afuera me sigan empujando, ocupar un lugar en el recinto?
—Bien: puede ya reír el auditorio.