Abigael Bohórquez
MÉXICO
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Fecha de nacimiento
12 de marzo de 1936
Ciudad de nacimiento
Caborca
Fecha de defunción
22 de noviembre de 1995
Ciudad de defunción
Hermosillo
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Abigael Bohórquez, el César. Homosexualidad, cultura popular y tradición literaria en Poesida
Ana Álvarez Romero
César Cañedo
Un acercamiento a la poesía de tema homosexual de Abigael Bohórquez
Gerardo Bustamante Bermúdez
Descaración previa
De Digo lo que amo (1976)
si me callara;
si me pusiera serio;
si dejara
que el sacrosanto pudor
recatara esta dulce merced;
si me fuera quedando como de aquí al olvido;
si decayera mi semblante y me apesadumbrara,
y sosegadamente contenido
no revelara la inesperada gracia;
si lo ocultara;
si me fuera de bruces sobre mí mismo
y me diera contra mi nombre
y fuera la desmemoria de la flor;
si anocheciera,
y ninguna palabra mía diera fe del prodigio,
por tan callado el trance de morir;
si me opusiera a declarar;
si me cerrara a negar
que nada, nada es cierto, sino yo,
dulcemente yo, puntual con mi esqueleto,
y si aceptara este resplandeciente temor
a confesar:
¿qué soy, quién soy entonces,
qué he sido sino el de siempre, el mismo,
aquel que sólo ha dicho la verdad
y nada más que la más crudelísima
verdad?
el que este día ha amanecido
fúlgido de vejez,
maravillado de regresar,
el que, ahora,
simple y sencillamente, se levanta,
compone el pecho desvencijado
y declara,
con un temblor de voz en lo que queda de palabra,
diecinueve de enero, dos puntos,
sólo era que
te
amo.
Navegación en Yoremito
De Navegación en Yoremito (Églogas y canciones del otro amor) (1993)
Incendio aguaesmeralda
el día funda
eucaliptos pleamares
en el río.
De la heredad campestre sale a flote
el forestal velamen de los sauces.
Fuego sembrado en la humedad almáciga,
el sabor de la luz y el agua ardiente
maduran sol de espléndidas tilapias
en la milpa lumbrera del estanque.
Andar y navegar terrestremente
oleajes de la hoguera represada
y mástiles al viento las higueras,
los linajes del mar fundan en tierra.
Todo sucede así:
un río cormorán y un sol tumbado,
cosechar el delfín, arder el higo,
uvas de sol y yerbas de la espuma,
sonidos del membrillo, olores muelles al acuífero fuego y aires dulces
en el silvestrecer de la colmena
y en el rústico arpón de la oriflama.
Muy sol está la mar de sed continua,
muy agua está la luz penefarola
en el ir y venir de tu cadera;
rema pues, maristerro,
nave de luz que soy, rema
y apágame;
malherido me has y a pie,
pastorgaleote;
por vos es mi placer hortelamante:
a remar me a remar, entanamientes,
yo empezaré mi boca
solmarina.
Desazón
De Poesida (1996)
Cuando ya hube roído pan familiar
untado de abstinencia,
y hube bebido agua de fosa séptica
donde orinan las bestias;
y robado a hurtadillas
tortilla y sal y huesos
de las cenadurías;
y caminado a pie calles y calles,
sin nómina,
levantando colillas de cigarros;
y hubime detenido en los destazaderos,
ladrando como perro sin dueño,
suelo al cielo, mirando a los abastecidos.
Cuando ya hube sentido
en pleno vientre el hueco
resquebrajado y yermo
del hontanar vacío,
y metido las manos a los bolsillos locos
y, aun así, levantando la frágil ayunanza
del alma en claro,
me conformo, me he dicho:
Dios asiste, y espero.
Cuando ya hube saboreado
sexo y carne y entraña,
y vendido mi cuerpo en los subastaderos,
cuando hube paladeado
boca, lengua y pistilo,
y comprado amor entre vendimiadores,
cuando hube devorado
ave y pez y rizoma
y cuadrúpedo y hoja
y sentado a la mesa alba y sofisticada
y dormido en recámara amurallada de oro,
y gustado y tactado y haber visto y oído,
me conformo, me he dicho:
Dios asiste. Y camino.
Cuando ya hube salido
de cárceles, burdeles, montepíos, deliquios,
confesionarios, trueques, bonanzas, altibajos,
elíxires, destierros, desprestigios, miseria,
extorsiones, poesía, encumbramientos, gracia,
me conformo, me he dicho:
Dios asiste. Y acato.
Por eso, ahora lejos
de lo que fue mi casa,
mi solar por treinta años,
mi heredad amantísima,
mis palomas, mis libros,
mis árboles, mi niño,
mis perras, mis volcanes,
mis quehaceres, la chofi,
sólo escribo a pesares:
Dios me asiste.
Y confío.
Y de repente, el sida.
¿Por qué este mal de muerte en esta playa vieja
ya de sí moridero y desamores,
en esta costra antigua
a diario levantada y revivida,
de suyo empobrecida y extenuada
por la raza baldía? Sida.
Qué palabra tan honda
que encoge el corazón
y nos lo aprieta.
Afuera, al sol,
juguetean los niños,
agrio viento,
con un barco menudo
en mar revuelto.
Merced
De Desierto mayor (1980)
Porque estoy, porque sigo,
porque he sido,
porque todo me viaja, me indica, me subsiste
y el viejo corazón pulsa su herida;
porque médulamente,
frumental,
incombusto,
me doy, clamo, me pueblo,
me complico, me encubro, me encolmeno,
y porque el canto está
y es éste,
es esto,
esto que ama,
—¿qué eres, di, corazón, eres el aire?
¿eres el sol del aire del estío?—
es que de esta manera mi niñez,
mi adolescencia pálida, mi culpa nueva, mi juventud,
pide merced
para cantar.