Abigael Bohórquez

MÉXICO

Consultar poemarios en catálogo

Descaración previa

De Digo lo que amo (1976)

si me callara;

si me pusiera serio;

si dejara

que el sacrosanto pudor

recatara esta dulce merced;

si me fuera quedando como de aquí al olvido;

si decayera mi semblante y me apesadumbrara,

y sosegadamente contenido

no revelara la inesperada gracia;

si lo ocultara;

si me fuera de bruces sobre mí mismo

y me diera contra mi nombre

y fuera la desmemoria de la flor;

si anocheciera,

y ninguna palabra mía diera fe del prodigio,

por tan callado el trance de morir;

si me opusiera a declarar;

si me cerrara a negar

que nada, nada es cierto, sino yo,

dulcemente yo, puntual con mi esqueleto,

y si aceptara este resplandeciente temor

a confesar:

¿qué soy, quién soy entonces,

qué he sido sino el de siempre, el mismo,

aquel que sólo ha dicho la verdad

y nada más que la más crudelísima

verdad?

el que este día ha amanecido

fúlgido de vejez,

maravillado de regresar,

el que, ahora,

simple y sencillamente, se levanta,

compone el pecho desvencijado

y declara,

con un temblor de voz en lo que queda de palabra,

diecinueve de enero, dos puntos,

sólo era que

te

amo.

Navegación en Yoremito

De Navegación en Yoremito (Églogas y canciones del otro amor) (1993)

Incendio aguaesmeralda

el día funda

eucaliptos pleamares

en el río.

De la heredad campestre sale a flote

el forestal velamen de los sauces.

Fuego sembrado en la humedad almáciga,

el sabor de la luz y el agua ardiente

maduran sol de espléndidas tilapias

en la milpa lumbrera del estanque.

Andar y navegar terrestremente

oleajes de la hoguera represada

y mástiles al viento las higueras,

los linajes del mar fundan en tierra.

Todo sucede así:

un río cormorán y un sol tumbado,

cosechar el delfín, arder el higo,

uvas de sol y yerbas de la espuma,

sonidos del membrillo, olores muelles al acuífero fuego y aires dulces

en el silvestrecer de la colmena

y en el rústico arpón de la oriflama.

Muy sol está la mar de sed continua,

muy agua está la luz penefarola

en el ir y venir de tu cadera;

rema pues, maristerro,

nave de luz que soy, rema

y apágame;

malherido me has y a pie,

pastorgaleote;

por vos es mi placer hortelamante:

a remar me a remar, entanamientes,

yo empezaré mi boca

solmarina.

Desazón

De Poesida (1996)

Cuando ya hube roído pan familiar

untado de abstinencia,

y hube bebido agua de fosa séptica

donde orinan las bestias;

y robado a hurtadillas

tortilla y sal y huesos

de las cenadurías;

y caminado a pie calles y calles,

sin nómina,

levantando colillas de cigarros;

y hubime detenido en los destazaderos,

ladrando como perro sin dueño,

suelo al cielo, mirando a los abastecidos.

Cuando ya hube sentido

en pleno vientre el hueco

resquebrajado y yermo

del hontanar vacío,

y metido las manos a los bolsillos locos

y, aun así, levantando la frágil ayunanza

del alma en claro,

me conformo, me he dicho:

Dios asiste, y espero.

Cuando ya hube saboreado

sexo y carne y entraña,

y vendido mi cuerpo en los subastaderos,

cuando hube paladeado

boca, lengua y pistilo,

y comprado amor entre vendimiadores,

cuando hube devorado

ave y pez y rizoma

y cuadrúpedo y hoja

y sentado a la mesa alba y sofisticada

y dormido en recámara amurallada de oro,

y gustado y tactado y haber visto y oído,

me conformo, me he dicho:

Dios asiste. Y camino.

Cuando ya hube salido

de cárceles, burdeles, montepíos, deliquios,

confesionarios, trueques, bonanzas, altibajos,

elíxires, destierros, desprestigios, miseria,

extorsiones, poesía, encumbramientos, gracia,

me conformo, me he dicho:

Dios asiste. Y acato.

Por eso, ahora lejos

de lo que fue mi casa,

mi solar por treinta años,

mi heredad amantísima,

mis palomas, mis libros,

mis árboles, mi niño,

mis perras, mis volcanes,

mis quehaceres, la chofi,

sólo escribo a pesares:

Dios me asiste.

Y confío.

Y de repente, el sida.

¿Por qué este mal de muerte en esta playa vieja

ya de sí moridero y desamores,

en esta costra antigua

a diario levantada y revivida,

de suyo empobrecida y extenuada

por la raza baldía? Sida.

Qué palabra tan honda

que encoge el corazón

y nos lo aprieta.

Afuera, al sol,

juguetean los niños,

agrio viento,

con un barco menudo

en mar revuelto.

Merced

De Desierto mayor (1980)

Porque estoy, porque sigo,

porque he sido,

porque todo me viaja, me indica, me subsiste

y el viejo corazón pulsa su herida;

porque médulamente,

frumental,

incombusto,

me doy, clamo, me pueblo,

me complico, me encubro, me encolmeno,

y porque el canto está

y es éste,

es esto,

esto que ama,

—¿qué eres, di, corazón, eres el aire?

¿eres el sol del aire del estío?—

es que de esta manera mi niñez,

mi adolescencia pálida, mi culpa nueva, mi juventud,

pide merced

para cantar.

Siguiente
Siguiente

Alejandra Pizarnik