Salvador Novo

MÉXICO

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Naufragio

De XX poemas (1925)

A Carlos Pellicer

¡Que me impregne

el vendaval de las horas!

Huyo de los hongos cúpulas

paraguas paracaídas y caídos.

¡Viento, lluvia, azótame,

amásame un alma olorosa

agua que fuiste cenagosa

y te purificaste

en los azules tendederos!

Sepúltame contigo

no esperes de mí un impulso,

he sido siempre solamente un cajón

con un espejo y vidrios de colores.

¡Corramos a la lluvia!

Nunca ha estado tan orquestada,

es el Placer-que-Dura-un-Instante

y además ya inventaron los pararrayos.

Esta ola de viento

sabe a torsos y a hombros desnudos

y a labios y huele a miradas.

Mar, mar adentro

y luego húndeme y desgájame,

no quiero nunca guardar nada más.

Romperé mis anteojos verdes

y el sol bailará para mí

como un niño idiota que busca

el juguete que naufragó.

Este perfume intenso de tu carne…

De Nuevo amor (1933)

Este perfume intenso de tu carne

no es nada más que el mundo que desplazan y mueven los globos azules de tus ojos

y la tierra y los ríos azules de las venas que aprisionan tus brazos.

Hay todas las redondas naranjas en tu beso de angustia

sacrificado al borde de un huerto en que la vida se suspendió por todos los siglos de la mía.

Qué remoto era el aire infinito que llenó nuestros pechos.

Te arranqué de la tierra por las raíces ebrias de tus manos

y te he bebido todo, ¡oh fruto perfecto y delicioso!

Ya siempre cuando el sol palpe mi carne

he de sentir el rudo contacto de la tuya

nacida en la frescura de una alba inesperada,

nutrida en la caricia de tus ríos claros y puros como tu abrazo,

vuelta dulce en el viento que en las tardes

viene de las montañas a tu aliento,

madurada en el sol de tus dieciocho años,

cálida para mí que la esperaba.

VIII

De XVIII sonetos (1954)

Yo te escribiera a diario, dueño mío:

fatigara tus ojos con mi anhelo:

diera al papel las tintas de mi duelo

y al sol la angustia de mi lecho frío.

Pero, ¿cómo plasmar mi desvarío

con palabras escritas en el hielo

deste común hablar, luz de mi cielo,

deste lenguaje pródigo y vacío?

¿Cómo mi muda voz expresaría

todo el amor, en lágrimas deshecho

que riega en aguardarte mi agonía?

Grite tu corazón, con el estrecho

mensaje de su voz, la vida mía

en la dorada cárcel de tu pecho.

XI

De XVIII sonetos (1954)

¿Qué hago en tu ausencia? Tu retrato miro;

él me consuela lo mejor que puedo;

si me caliento, me introduzco el dedo

en efigie del plátano a que aspiro.

Ya sé bien que divago y que deliro,

y sé que recordándote me enredo

al grado de tomar un simple pedo

por un hondo y nostálgico suspiro.

Pero en esta distancia que te aleja,

dueño de mí pasión, paso mi rato,

o por mejor decir, me hago pendeja,

ora con suspirar, ora con pedo,

premiando la ilusión de tu retrato

y los nuevos oficios de mi dedo.

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