Salvador Novo
MÉXICO
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Fecha de nacimiento
30 de julio de 1904
Ciudad de nacimiento
Ciudad de México
Fecha de defunción
13 de enero de 1974
Ciudad de defunción
Ciudad de México
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César Cañedo
Salvador Novo: poesía CAMP y disidencia sexual
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La representación del yo y del tú en la poesía satírica de Salvador Novo: la influencia del albur
Salvador Oropesa
Naufragio
De XX poemas (1925)
A Carlos Pellicer
¡Que me impregne
el vendaval de las horas!
Huyo de los hongos cúpulas
paraguas paracaídas y caídos.
¡Viento, lluvia, azótame,
amásame un alma olorosa
agua que fuiste cenagosa
y te purificaste
en los azules tendederos!
Sepúltame contigo
no esperes de mí un impulso,
he sido siempre solamente un cajón
con un espejo y vidrios de colores.
¡Corramos a la lluvia!
Nunca ha estado tan orquestada,
es el Placer-que-Dura-un-Instante
y además ya inventaron los pararrayos.
Esta ola de viento
sabe a torsos y a hombros desnudos
y a labios y huele a miradas.
Mar, mar adentro
y luego húndeme y desgájame,
no quiero nunca guardar nada más.
Romperé mis anteojos verdes
y el sol bailará para mí
como un niño idiota que busca
el juguete que naufragó.
Este perfume intenso de tu carne…
De Nuevo amor (1933)
Este perfume intenso de tu carne
no es nada más que el mundo que desplazan y mueven los globos azules de tus ojos
y la tierra y los ríos azules de las venas que aprisionan tus brazos.
Hay todas las redondas naranjas en tu beso de angustia
sacrificado al borde de un huerto en que la vida se suspendió por todos los siglos de la mía.
Qué remoto era el aire infinito que llenó nuestros pechos.
Te arranqué de la tierra por las raíces ebrias de tus manos
y te he bebido todo, ¡oh fruto perfecto y delicioso!
Ya siempre cuando el sol palpe mi carne
he de sentir el rudo contacto de la tuya
nacida en la frescura de una alba inesperada,
nutrida en la caricia de tus ríos claros y puros como tu abrazo,
vuelta dulce en el viento que en las tardes
viene de las montañas a tu aliento,
madurada en el sol de tus dieciocho años,
cálida para mí que la esperaba.
VIII
De XVIII sonetos (1954)
Yo te escribiera a diario, dueño mío:
fatigara tus ojos con mi anhelo:
diera al papel las tintas de mi duelo
y al sol la angustia de mi lecho frío.
Pero, ¿cómo plasmar mi desvarío
con palabras escritas en el hielo
deste común hablar, luz de mi cielo,
deste lenguaje pródigo y vacío?
¿Cómo mi muda voz expresaría
todo el amor, en lágrimas deshecho
que riega en aguardarte mi agonía?
Grite tu corazón, con el estrecho
mensaje de su voz, la vida mía
en la dorada cárcel de tu pecho.
XI
De XVIII sonetos (1954)
¿Qué hago en tu ausencia? Tu retrato miro;
él me consuela lo mejor que puedo;
si me caliento, me introduzco el dedo
en efigie del plátano a que aspiro.
Ya sé bien que divago y que deliro,
y sé que recordándote me enredo
al grado de tomar un simple pedo
por un hondo y nostálgico suspiro.
Pero en esta distancia que te aleja,
dueño de mí pasión, paso mi rato,
o por mejor decir, me hago pendeja,
ora con suspirar, ora con pedo,
premiando la ilusión de tu retrato
y los nuevos oficios de mi dedo.